Jamon
Jamon iberico
Ibéricos de bellota vestidos de alta costura
No sólo basta con tener un producto de gran calidad, en muchas ocasiones también hay que saber vestirlo. Siguiendo esta estrategia, la compañía salmantina trata de hacerse un hueco en el selecto grupo de los ibéricos de alta gama, donde se encuentran marcas como 5 Jotas, Joselito o 7 Bellotas.
“Queremos ser la alternativa a las marcas de siempre porque sabemos que el consumidor tiene ganas de probar algo diferente, sabiendo que la calidad sigue siendo muy alta”
Jamon iberico de Bellota
Pero querer situarse en el segmento alto también conlleva precios al alcance de un número limitado de bolsillos. “Este producto nunca podrá ser barato, porque un cerdo de bellota necesita 20.000 metros cuadrados para engordar”, matiza Francisco Carrasco, director comercial. “Preferimos estar en un estrato alto de precios porque los de calidad y coste más bajos son mucho más reñidos, por eso éste difícilmente puede ser un producto masivo”, explica.
En un primer momento, la empresa salmantina optó por dirigir su estrategia de venta hacia grandes compradores. “Eran grandes clientes, rentables, porque permitían que los productos se vendieran enseguida”, asegura Francisco Carrasco. “Pero la producción estaba muy concentrada, por eso decidimos optar por una venta más directa con un número reducido de distribuidores”, matiza. Primero, a mediados de la década de los noventa, con una delegación comercial en el norte de España; posteriormente, llegaron Barcelona y Madrid. La capital catalana acapara el 40% de las ventas, frente al 30%, respectivamente, de Madrid y País Vasco.
Para tratar de diferenciarse de sus competidores, la firma cárnica optó por el envase. Vestirse de una forma diferente que llamara la atención del consumidor. “En este concepto siempre hemos ido dos o tres pasos por delante”. Pero esa innovación también conlleva mayores inversiones. La compañía destina cerca del 3% de su facturación a I+D. Un esfuerzo inversor que se complica en época de crisis, más aún al tratarse de una empresa familiar.
Pese al entorno económico, Carrasco Guijuelo logró cerrar 2008 con un volumen de negocio de nueve millones de euros. “El cuarto trimestre del año fue espantoso, porque a 30 de septiembre íbamos mejor que en el ejercicio anterior”, reconoce Juan Atanasio. “Ahora nuestro principal reto es no perder clientes, aunque vendamos menos”, explica.
“Claro que nos está afectando la crisis, la estamos viviendo con incertidumbre”, aclara Francisco. “Intentamos implicarnos con el cliente para que vea que compartimos su modelo de gestión y que intentamos resolver sus necesidades, por ejemplo, siendo flexibles a la hora de renovar los contratos”.
Para tratar de esquivar las consecuencias de la crisis, Carrasco trata de crear una red de distribución internacional. “Estamos muy centrados en Europa, por ejemplo, en Francia, Bélgica, Holanda, República Checa, Noruega o Croacia”, apunta Francisco Carrasco. “Hemos hecho un viaje a Hong Kong para buscar una sede en el sudeste asiático, pero la entrada en China va a durar años, porque es un mercado muy lento”, reconoce. “Europa lleva abierta desde hace 15 años y todavía sigue costando, pese a que es un mercado con consumidores de un alto poder adquisitivo”.

Otros países donde Carrasco Guijuelo ha puesto el punto de mira son Japón y EE UU. El primero “lleva 12 años incorporado a la venta de productos ibéricos, pero también va despacio porque sólo los compran las élites”, explica. En cuanto al estadounidense, su principal problema son “las cortapisas”. “En España sólo hay un matadero homologado para vender en Estados Unidos y es como un cuello de botella, aunque al final terminarán abriendo sus puertas”, augura.
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